¿Plan Anticrisis o Reforma Fiscal?…Los ajustes para pagar platos rotos del gobierno

El gobierno ha utilizado la crisis en el Oriente Medio para tratar de salir del atolladero económico en que ha metido al país, con una política económica errática que ha disparado el endeudamiento externo y no ha podido detener un proceso inflacionario que ha depauperado más a la población dominicana.

A días de que Estados Unidos e Irán firmaran un acuerdo para poner fin a la guerra, el presidente Luis Abinader envió al Congreso Nacional su paquete de reformas, que se ha pretendido minimizar bautizándolas como un «Plan Anti-Crisis», que no mitiga los efectos empobrecedores de una clase media que ha venido pagando los platos rotos en una fiesta en la que se han «tirado hacia arriba» el dinero que se necesita para impulsar obras que mejoren las condiciones de vida de la población.

Para muestra un botón. El propio ministro de Hacienda, Magín Díaz, a quien se ha puesto a dar la cara de esta Reforma Fiscal, ha revelado que en medio de la agitada búsqueda para suprimir gastos, se han encontrado con unos diez mil millones de pesos de la Tarjeta Supérate que deben ser eliminados.

Es decir, miles de personas sin necesidad, estaban recibiendo el subsidio de la Tarjeta Supérate, lo que confirma lo que se ha venido denunciando, de que la misma se ha utilizado con fines políticos-electorales. Ahora se confirma y se habla de un «saneamiento» de ese subsidio oficial.

Ahora el mismo ministro de Hacienda dice que sin importar la firma del acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán, que ha repercutido con una inmediata reducción en los precios del petróleo, el gobierno necesita esos ajustes fiscales, o sea, que la reforma sigue su agitado curso, sin recurrir a otros mecanismos que no sean penalizar aún más a quienes siempre han cumplido con el pago de sus compromisos fiscales.

La crisis del Medio Oriente, no ha sido la causa de una crisis que padecía el gobierno en sus finanzas antes de que estallara ese conflicto. Recuerden que antes el argumento fue la guerra entre Ucrania y Rusia, a la que la administración del presidente Luis Abinader le achacó las consecuencias de todos sus desaciertos.

Ha llegado el momento de pasar factura por la fiesta del dispendio en el gobierno y como siempre, quienes tendrán que pasar por caja registradora serán los mismos de siempre. Los empresarios de nuevo han sido exonerados con sus privilegios fiscales, que debieron ser cortados de raíz atendiendo a la gravedad de la situación que exponen los recaudadores de impuestos.

Por eso los dirigentes de los gremios empresariales no han salido a cuestionar la Reforma Fiscal, porque las consecuencias del agudizamiento del proceso inflacionario será trasmitido a la población consumidora, a esa que no puede ya estirar más el presupuesto para abastecerse de los productos de la canasta familiar.

Los voceros gubernamentales han salido a vender «las bondades» de los ajustes, que no le aprietan el cinturón, ni le reducen el fondo a los largos bolsillos de los funcionarios, caracterizados por el boato, al extremo de que algunos ya se creen tan grandes que no pueden desplazarse por tierra y se les ve llegando a las actividades en helicópteros oficiales o rentados a empresas privadas. Pero aún así, desde el gobierno se habla de austeridad.

Ojalá y no estalle otro conflicto internacional para que el gobierno no se agarre para poner al pueblo a pagar el precio de la improvisación que le ha salido bastante cara a quienes están pagando por una dispendiosa fiesta de excesos, en la que solo han bailado los turpenes de arriba, mientras los de abajo recogen los instrumentos de los que solo escucharán más sonidos de pobreza.

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