Abinader priorizando gasto militar por encima de la salud y el campo

Por Guillermo Tejeda
(Director Resumen Final Digital)

En un gobierno donde la transparencia se ha ido a pique, tal vez el presidente Luis Abinader maneje informaciones desconocidas para la mayoría de la población, sobre un inminente peligro de conflicto armado con otra nación.

Solo así se puede justificar el escandaloso aumento del presupuesto militar en desmedro de prioridades como la salud de los dominicanos, la asistencia a los productores agropecuarios, la crisis eléctrica y las obras públicas que demandan tanto en las ciudades como en las demarcaciones rurales del país.

Desde que asumió el poder en el 2020, el presidente Abinader se ha dejado encandilar por sus asesores militares, que le han pintado necesidades que no tiene la República Dominicana en materia de armamentos, cuando no hay peligro de ninguna acción bélica contra nuestro territorio que tiene muchas guerras pendientes para superar problemas ancestrales que impiden nuestro desarrollo como nación.

A quien lo dude, aquí los elevados presupuestos que se ha chupado el Ministerio de Defensa en los últimos seis años, con muy poco de esos millones destinados por lo menos a mejorar las condiciones socio-económicas de los soldados.

En 2020, año en que Abinader asumió la Presidencia el 16 de agosto, el Ministerio de Defensa registró un gasto de 32,940.7 millones de pesos. En 2021 alcanzó 34,903.8 millones de pesos; en 2022 cuando el mandatario anunció «la mayor compra de equipamiento militar de la historia» rondó los 42,513.8 millones de pesos, se disparó a 53,149 millones en 2023, 60,303.4 millones en 2024 y terminó 2025 en 64,771.3 millones de pesos.

Eso significa que entre 2020 y 2025, el gasto militar aumentó 96.6 % en términos nominales. Para 2026 el gasto militar pasó de RD$63,900 millones a RD$68,686,619,634, un aumento de 7.49 %, que se destinaron a millonarias compras que no se han detallado a la población que tiene derecho a saber cuanto se ha pagado por una flotilla de helicópteros de segunda mano que se utilizan hoy más para el transporte de funcionarios del gobierno que a tareas propias de la Defensa Nacional y a la compra en Portugal de barcos viejos para la Armada Dominicana.

Mientras se multiplican las compras castrenses y se «alimenta la boa», en los hospitales mueren niños recién nacidos, faltan medicamentos y equipos para prevenir enfermedades que se tragan el ahorro de familias que atienden pacientes condenados a morir.

Mientras se cambia el arsenal militar, los dominicanos tienen que esperar por un medicamento de alto costo para una enfermedad catastrófica.

Para esos pacientes con cáncer u otra enfermedad catastrófica la respuesta que reciben del gobierno cuando acuden por un medicamento que nunca se encuentra en los anaqueles del programa de Alto Costo es que tienen que esperar, el presidente Abinader con una celeridad sorprendente siempre autoriza cientos de millones de pesos y dólares para las compras de blindados, fusiles de última generación en los mercados de armas de Estados Unidos y ahora Israel.

A nuestro mandatario se le ha olvidado que la verdadera cruzada que debe priorizar su gobierno, es contra el analfabetismo que todavía no se ha eliminado en la República Dominicana, el aumento de la producción en los campos que siguen abandonados, la mejoría en la atención hospitalaria y la construcción de carreteras, escuelas, puentes y los caminos vecinales destruidos que impiden que los campesinos puedan llevar a los mercados lo poco que producen para subsistir.

A pesar de la crisis permanente que sacude a nuestros vecinos de Haití, ese país no constituye una amenaza que obligue al gobierno a destinar gran parte del presupuesto nacional a la compra de armas y equipos militares. Lo de la «verja fronteriza» es otro capítulo que amerita un análisis aparte, porque también está revestido de opacidad.

Si el presidente Abinader maneja otra información, que lo revele para que pueda justificar el indiscriminado gasto militar por encima de las prioridades de todo un pueblo que sufre en carne viva los rigores de los apagones, una inflación que se traga los magros salarios de los empleados públicos y privados, así como las necesidades que mantienen enfermo nuestro sistema de salud.

La voracidad de unos pocos que recurren al argumento de la «seguridad nacional», para chuparse el presupuesto nacional, no puede estar por encima de nuestros grandes males.

La guerra es otra, en escenarios muy reales y diferentes a los que ha querido vender el gobierno, que se está confundiendo como El Quijote, con los molinos de viento.

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