Anzuelo y terquedad

Por Carmen Imbert Brugal

El resultado es el apetecido. La reacción ha sido inmediata, colectiva. El Presidente ratificó su intención, convertida en obsesión reformadora, y la agenda nacional fue transformada. Los problemas se esfumaron y volvió el ritornelo agobiante de propuestas, sugerencias, sin descuidar las alabanzas para el jefe de estado, con poder omnímodo que, a pesar del disfrute absoluto del mando, convoca para que la nación avale sus deseos. Es un “síganme los buenos” y los buenos se aúnan para no perecer y evitar el despeñadero del desprecio cuando no son acatados los designios presidenciales.

El experimento funciona como anzuelo eficaz. Desde la cima no presentan una sola propuesta, solo carta de intención y la señal sirve para que Palacio conozca decenas de proyectos.

Los think tank criollos, cómodos con el Cambio, discuten y defienden sus cotos de influencia. Saben que legiferar es la variante legal del populismo punitivo. Se acercan más a proponer y contribuir con la promulgación de leyes que a exigir su cumplimiento. Tímidos durante el primer cuatrienio del Gobierno, omiten los efectos de la precaria institucionalidad y diseñan un país mejor mientras el actual se desmorona.

El anzuelo consiguió que apenas preocupe la violencia, la inseguridad, los disparos que evitan el debido proceso, el derrumbe del sistema carcelario, los robos con visos cinematográficos, la basura, la justificación de canonjías con el nombre de asesorías, la evasión fiscal, la indetenible ocupación del territorio por personas indocumentadas, el desmonte impune y la vulneración de áreas protegidas que afectan y contaminan el cada vez más deteriorado ambiente y los ecosistemas preservados por la inútil ley 64-00.

A nadie parece importarle el caos en el tránsito, el peligro de las carreteras dominicanas, tampoco las negociaciones con acusados favoritos, consentidos por las élites mandantes. Es que la nación cambiará cuando las reformas ocurran, ese será el legado del político más desprendido que la república ha conocido y conocerá jamás.

El deseo de trascendencia del “primero entre los iguales” debe convertirse en preocupación nacional, para lograrlo los áulicos encomian el alcance de la magnanimidad presidencial. Todavía no se revela el contenido de las propuestas, el proponente solo ha dicho que la primacía pertenece a la Carta Magna. La palabra más repetida, para asombro de algunos constitucionalistas, es candado.

Discurso más de ferreteros que de especialistas. Entre candado y blindaje se construye la fraseología para justificar una Asamblea Nacional Revisora. El presidente quiere su Constitución, lo proclamó desde el comienzo de su primer período. Renuente a la contradicción, atrapado por el éxito, no quiere oír otras voces y persiste en la tautología cuando añora un Ministerio Público-MP-queya existe-

Una audiencia para escuchar opiniones distintas, lejos del servilismo imperante, permitiría valorar la Ley Orgánica del MP y asimismo advertirle que los candados pueden abrirse. Existen llaves y sopletes para modelar la Constitución como los que usaba Chapman, el legendario cerrajero de la capital. Sin embargo, la terquedad, robustecida con el extraordinario respaldo electoral, augura que el gobernante será complacido, pese a quien le pese y parece no pesarle a muchos.

(Tomado del Periódico HOY)

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