Cuando se habla de prosperidad económica con un país enfermo

Por Guillermo Tejeda
(Director Resumen Final Digital)
El sistema hospitalario de país sigue en crisis, a pesar de los anuncios de millonarias inversiones en infraestructura y equipos que hacen los funcionarios del sector salud, que todavía conciben los centros asistenciales como un «almacén de enfermos», en los que brillan cada vez más por su ausencia, la empatía, la compasión y el respeto por la dignidad.
El costo emocional del dolor ha sido sustituido por la prisa de los médicos que tienen que atender diariamente a un número exorbitante de pacientes, que en su mayoría no tienen recursos para seguir el tratamiento ni comprar los medicamentos recetados.
En importantes centros hospitalarios del Estado la situación es tan deprimente, que ni el agua para asear a los enfermos llega con regularidad por las tuberías y los baños operan con el líquido almacenado en tanques que propagan enfermedades.
El hospital Salvador B. Gautier, en el que se ha anunciado luego de serias denuncias de precariedades, una inversión de mil millones, ha servido para documentar la gravedad del sistema de la red pública.
Pero este anuncio no logra convencer a una población que ha visto como todavía faltan áreas sensibles en el hospital Padre Billini, a pesar de que fue «inaugurado» hace 3 años, tras una inversión de 2 mil 175 millones de pesos…Todo ese dinero no alcanzó para terminar lo más importante, la emergencia de ese hospital docente.
Los propios datos oficiales reflejan lo que está ocurriendo en nuestros hospitales, a los que acuden los dominicanos más vulnerables a mendigar lo que es un derecho, el de la salud: 83 hospitales presentan niveles críticos de desempeño en áreas tan sensibles como gestión clínica, calidad de los servicios y administración hospitalaria.
Pero hay un tema desgarrador en materia de salud que el gobierno ha descuidado con una irresponsabilidad que cuestiona la sensibilidad de quienes deberían velar por lo más sagrado de un ciudadano, la vida.
Me refiero al de los medicamentos de alto costo para las enfermedades catastróficas y las dificultades que desde hace seis años enfrentan los pacientes para acceder a sus tratamientos, muriendo muchos en el trayecto, esperando una medicina que nunca llegó.
Casi seis mil dominicanos están en la lista de espera para recibir sus tratamientos, en su mayoría personas con diferentes tipos de cáncer que luchan desesperadamente por evitar la muerte, lo que parece no preocupar a quienes tienen la responsabilidad de abastecer esas necesidades, para lo que desde el gobierno siempre se responde con el argumento de la falta de recursos.
Hay pacientes que desde el 2024 esperan un medicamento que nunca llega en medio de la burocracia y la indolencia de quienes juegan con la vida y los escasos esfuerzos por destinar mayores recursos de la Seguridad Social para prolongar la vida de estas personas que condenan también a toda la familia a la pobreza extrema por una enfermedad de alto costo.
Es una injusticia extrema, decir desde el gobierno, que el presupuesto de la Salud Pública no alcanza para cubrir la demanda de estos medicamentos, cuando se ventila en la justicia un expediente por el robo de más de mil millones de pesos del Seguro Senasa, destinado a las familias más vulnerables, en un escándalo en el que están envueltos funcionarios del gobierno, empresarios y otros sectores, pendientes en un expediente Senasa 2.0 que se ha quedado en la gatera luego de su pomposo anuncio.
Decir que se ha saturado la capacidad operativa del Programa de Medicamentos de Alto Costo, que no hay dinero para cubrir la demanda de pacientes, constituye un monumento a la incapacidad de los funcionarios y un gobierno que se ha sobregirado en préstamos sin pensar en el bienestar de su población que debe comenzar con la salud.
Se hace urgente también reformar el sistema de salud y la ley 87-01, de Seguridad Social, para garantizar la cobertura universal y la sostenibilidad financiera del programa, en lo que no están nuestros congresistas, que se han caracterizado en los últimos años por la aprobación al vapor de proyectos de ley sin relevancia, pero del interés del Poder Ejecutivo y los grupos económicos de siempre.
Caen en el vacío y en el espacio de la demagogia, todos los pronunciamientos de las autoridades, cuando se agravan los problemas sanitarios, con un país donde la gente no tiene la salud garantizada, lo que se traduce en más pobreza.
Y que como dicen por ahí, sin salud, no hay economía ni país que prospere, porque una economía fuerte, necesita una población saludable y eso es lo que no han entendido quienes dirigen la República Dominicana que han dejado caer logros alcanzados, al no comprender que los recursos que se destinan a la salud son una inversión en un mejor bienestar de la población.


Me refiero al de los medicamentos de alto costo para las enfermedades catastróficas y las dificultades que desde hace seis años enfrentan los pacientes para acceder a sus tratamientos, muriendo muchos en el trayecto, esperando una medicina que nunca llegó.
Es una injusticia extrema, decir desde el gobierno, que el presupuesto de la Salud Pública no alcanza para cubrir la demanda de estos medicamentos, cuando se ventila en la justicia un expediente por el robo de más de mil millones de pesos del Seguro Senasa, destinado a las familias más vulnerables, en un escándalo en el que están envueltos funcionarios del gobierno, empresarios y otros sectores, pendientes en un expediente Senasa 2.0 que se ha quedado en la gatera luego de su pomposo anuncio.
Caen en el vacío y en el espacio de la demagogia, todos los pronunciamientos de las autoridades, cuando se agravan los problemas sanitarios, con un país donde la gente no tiene la salud garantizada, lo que se traduce en más pobreza.