El vedetismo judicial y la lucha contra la corrupción

Por Guillermo Tejeda

(Director Resumen Final Digital)

La República Dominicana está asistiendo a un show de vedetismo judicial que está contribuyendo a reducir la imagen de ese importante Poder del Estado, esencial para garantizar el sistema democrático en cualquier país que aspire a garantizar un clima de bienestar y tranquilidad ciudadana.

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Es penoso lo que está ocurriendo con una justicia cada vez más influenciada por la política. Aunque se diga lo contrario, es lo que se está palpando y no ahora, es un cáncer que se viene arrastrando con el tiempo que comienza a adquirir síntomas de metástasis en el aparato judicial.

Jueces y Fiscales han sido captados para que participen de este nuevo esquema de hacer justicia y perseguir la corrupción, despojando a la diosa Temis de su venda, que es lo mismo que lanzar por el suelo la objetividad de una justicia que se debe aplicar sin miedo, pero también sin favoritismos.

La Justicia Dominicana es cada vez menos ciega y menos imparcial. El debido proceso, que debe ser el corazón de todo procedimiento legal, lo han mandado a guardar funcionarios judiciales, violentando olímpicamente los derechos y libertades de todo ciudadano acusado de cometer un delito.

Se ha contagiado de un esquema que se ha impuesto y que recorre en estos momentos por una América Latina donde hay una crisis de los partidos políticos y sectores económicos pretenden asumir ese liderazgo a pesar de los fracasos a la vista de empresarios convertidos en presidentes en algunas naciones.

Todo ciudadano consciente debe estar del lado de una justicia que castigue la corrupción, sin importar el color del partido ni las riquezas de los empresarios que se lucran haciendo negocios con el Estado, pero eso necesariamente no es lo que está ocurriendo en este país caribeño de tantas colindancias.

Más que el interés de sancionar el crimen, que se ha concentrado en la persecución de un segmento de la corrupción, lo que se observa en el país es una judicialización de la política, el fenómeno que se viene esparciendo como reguero de pólvora, sin pensar en las consecuencias que acarrea esta práctica desleal.

Aquí asistimos al Lawfare que no es más que la persecución judicial, instrumentalización de la Justicia, judicialización de la política… Una cercanía cada vez más tóxica entre el poder judicial y el político. El ejemplo del ex presidente Lula en Brasil, a pesar de lo reciente, no ha sido asimilado en los corrillos judiciales dominicanos.

De ahí que los expedientes de las investigaciones que se suponen importantes, lleguen primero a las redacciones de los diarios, que a los tribunales y que el imputado sea el último en enterarse de las acusaciones que pesan en su contra.

Es una práctica que desacredita la lucha contra la corrupción que se ha enarbolado en los últimos años para lo que se ha pretendido un Ministerio Público “Independiente” que luce cada vez más atado a los designios de la política partidarista.

Lamentablemente se están sentando precedentes que sólo contribuirán a fragmentar más la sociedad dominicana, fomentando la cultura del “ojo por ojo y diente por diente” que caracterizaban ese primitivismo que se creía superado, pero que parece que será lo que en un futuro no muy lejano, se establecerá como “justicia” en la República Dominicana.

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