La improvisación y la opulencia de un gobierno en crisis

Por Guillermo Tejeda

(Director Resumen Final Digital)

El gobierno ha dado muestras más que evidentes de la falta de planificación, con la improvisación en medio de una crisis que admite que no puede cargar y busca desesperadamente a un buen samaritano que lo ayude a cargar esa pesada cruz, tocando las puertas de los dos principales partidos de oposición.

El primer latigazo lo han recibido sobre sus bolsillos los consumidores, no los sectores más acomodados y también los más privilegiados por una administración que los tiene enquistados en las estructuras de poder y al mismo tiempo como asesores, que son los empresarios de gran calado que se han blindado para atravesar la tormenta sin ser tocados sus intereses.

El presidente Luis Abinader ha decidido cortar por lo más débil, autorizando tres aumentos consecutivos en los precios de los combustibles que han llevado el galón de gasolina a superar por primera vez en la historia, los 314 pesos.

Ahora se ha sabido que el mandatario se ha estado reuniendo cada semana con un selecto grupo de empresarios para abordar la crisis y como era de suponer, las medidas para encarar la situación no serían para afectar sus negocios.

En las seguidas reuniones en el Palacio Nacional con los grandes empresarios y comerciantes de seguro que no se ha tocado el espinoso tema de las millonarias exenciones fiscales que reciben los hombres de empresa. Y por el contrario, se está pidiendo austeridad y apretarse los cinturones a los mismos de siempre.

Se han recomendado múltiples medidas, pero sin tocar los privilegios fiscales de quienes están pidiendo sacrificios a la clase media y a los más vulnerables.

Y desde el propio gobierno, que dice estar en apuros -y que son creíbles por el peso de la irresponsabilidad con el festival de préstamos concertados y que ahora exigen el pago de intereses que ahogan las finanzas públicas-, tampoco se observan indicios de una austeridad que se proclama, pero que no se cumple.

La administración del presidente Abinader sigue disfrutando de «una fiesta» en la que se despilfarran los recursos del Estado, con desfiles de yipetas de alto cilindraje, uso de helicópteros y avionetas por funcionarios que no quieren desplazarse por tierra, lo que le serviría para constatar las necesidades de las comunidades y los viajes al exterior en primera clase para participar en eventos que bien pudieran declinarse por irrelevantes.

En medio de la crisis se observan imprudencias de funcionarios, algunos cuestionados por el manejo de los recursos en las instituciones que dirigen, en francachelas gozando la vida,  en conciertos artísticos, en momentos en que desde el Palacio Nacional se le pide a la población que se sacrifique pagando más caros los combustibles y los alimentos de la canasta familiar.

Lo cierto es que para el gobierno sigue la fiesta de la opulencia, con un llamado a diálogo para «consensuar» medidas que tienen todavía como «el secreto mejor guardado»,  con lo que se estaría ganando tiempo para seguir penalizando a quienes ya no pueden soportar más sacrificios, ni cargar por más tiempo la cruz de una crisis que han agudizado, en una gestión en la que la improvisación se ha convertido en una cultura que urge erradicar.

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