La satisfacción y el peligro de controlarlo todo

Por Guillermo Tejeda

(Director Resumen Final de Noticias)

El presidente Luis Abinader, con su reelección alcalzanda en los comicios del domingo 19 de mayo, concentrará todo el poder del Estado en sus manos, paradógicamente lo que cuestionaba el liderzado del Partido Revolucionario Moderno (PRM) cuando estaba en la oposición, llegando a calificar al entonces mandatario, Danilo Medina como un “dictador”.

El PRM, bajo el liderazgo indiscutible del presidente Abinader, tendrá a partir del 16 de agosto, el control absoluto del Congreso Nacional y de los órganos que de allí se derivan, que es en definitiva la aspiración de todo político y gobierno.

Esto es motivo de satisfacción en materia de logros políticos-electorales, pero también un gran peligro.

No se debe pasar por alto que la  función de control, y no la de legislares la principal función del Poder Legislativo. En nuestro país este no ha sido el caso y esa posibilidad se ve muy distante en el horizonte del nuevo cuatrenio gubernamental. Las razones son obvias.

El presidente Abinader proclamaba en la campaña electoral que quería su Congreso para producir los cambios y reformas que entiende necesita la sociedad dominicana, y por eso cargó a los candidatos a Senadores y Diputados durante todo el trayecto, alcanzando el objetivo anhelado.

Esto indica que a partir de agosto, el mandatario y su partido no tendrán excusas para materializar las transformaciones en el Estado que pregonaban, los cambios profundos para mejorar la educación, la economía, la seguridad ciudadana y todo cuanto necesite ser tocado en una “ola de reformas”, que hasta el momento se ha centrado en una reforma fiscal para pagar las cuentas de la “resaca electoral” y una modificación constitucional, con el argumento de “ponerle un candado” a la Carta Magna.

El peligro es de tenerlo todo para luego no hacer nada, por una parte, sin el contrapeso de un Congreso Nacional, cuya debilidad se ha venido acrecentando con el paso de los años, convirtiéndose en un sello gomígrafo del Poder Ejecutivo. A partir de la próxima legislatura, cuando se instalen los nuevos congresistas, mayoritariamente oficialistas, se borrarán las fronteras de la división de los Poderes del Estado.

Lo otro, el peligro de concentrar todo el poder político del país en una sola parcela política, es la borrachera que suele acompañar a quienes se encumbran en los órganos del Estado, dando paso a las acciones antidemocráticas que emanan de esta situación.

Sólo hay que verse en espejos como el de El Salvador, con un Bukele, que ha aprovechado esa mayoría para trastocarlo todo en aras de una “seguridad nacional” que se ha llevado de paso libertades en medio de un huracán de populismo.

En una República Dominicana con una cultura democrática tan poco arraigada, la concentración de poder podría abrir más las compuertas del flagelo de la corrupción, el uso de los dineros públicos para premiar o castigar y el peligro de querer también controlar la prensa, de lo se han detectado ya varios rastros.

El presidente Abinader ha prometido desde el momento de su reelección, buscar el consenso con una oposición que tendrá que recomponerse con urgencia, pero vivimos en un mundo de tentaciones que podrían conducir al uso de una mayoría mecánica para hacerse y hacer trajes a la medida para beneficiar a los grupos económicos que se mueven en las esferas del gobierno y que no esconden ya su apetito por sacar muy pronto lo invertido, comprando a precio de vaca muerta patrimonios públicos, entre los que figuran las Plantas de Punta Catalina.

No está demás recordar en esta coyuntura, que los mejores aliados de un Gobierno que quiere hacer las cosas correctamente, son las instituciones, entidades y personas  que aportan ideas, cuestionan, debaten propuestas, comprueban que se cumplen los requisitos legales, fiscalizan los fondos, evitan precipitaciones y arrojan luz sobre posibles problemas.

Dicen los que tienen más experiencia que yo, que soy un neófito en estos asuntos, que un presidente que lo ha conseguido todo, debe aprovechar su liderazgo para concitar el apoyo necesario, buscando la gente más talentosa del país, si en realidad quiere corrigir el rumbo de cosas que no marchan bien, con lo que estaría contribuyendo a la consolidación de las instituciones de la democracia. Ese sería un gran legado.

Por el momento solo advierto sobre el peligro de tenerlo y controlarlo todo, para espantar los fantasmas de la autocracia, recordando que la dirección del Estado debe utilizarse para el beneficio de la sociedad y no para el solo beneficio de quienes detentan el poder político.

El presidente Luis Abinader ha dado señales, prometiendo que no ejercerá ese monopolio del poder, aunque con la composición congresual venidera, el control horizontal del Poder sea más que una letra muerta.

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