Lo que se ve y lo que no se quiere ver en la lucha contra el narcotráfico en RD

Por Guillermo Tejeda
(Director Resumen Final Digital)
La incautación del considerado el mayor alijo de cocaína en la República Dominicana y la región, en el puerto multimodal Caucedo, ha provocado una «preocupación» que ha pretendido ignorar que se sacaron de las calles casi diez toneladas de cocaína, en lo que parece una deliberada acción que busca desacreditar la lucha contra el narcotráfico que han mantenido las autoridades, encabezadas por la Dirección Nacional de Drogas (DNCD) que tiene al frente a un director no acostumbrado a las luces de los escenarios y que ha caracterizado su gestión hablando con hechos.
También, esos «preocupados» por el cargamento de cocaína, que apuntalan un debate sobre si la droga estaba aquí o vino de Guatemala, han tratado de ignorar que en lo que va de año ya son 43 y pico de toneladas de esa droga, la que se ha decomisado en un país, que por su ubicación estratégica en el Caribe, siempre ha sido un puente de los carteles del narcotráfico.
Lo que importa no es si esa cantidad de cocaína estaba almacenada e introducida en contenedores para transportarla a Holanda. Lo relevante es la operación que dió al traste con las 9.8 toneladas, un esfuerzo de muchas horas de inteligencia y coordinación con agencias internacionales con las que existen acuerdos de colaboración para enfrentar de manera conjunta este flagelo.
Los ingenuos le han venido «exigiendo» al gobierno que explique todo lo relacionado con un caso que tiene muchas complejidades, como son todas esas operaciones contra los carteles de las drogas, que tienen sus representantes operativos y financieros en la República Dominicana y que han sufrido un gran revés al abortarle las autoridades un negocio con valor de 250 millones de dólares.
Para nadie es un secreto tampoco, que los carteles de las drogas, colombianos, venezolanos, peruanos y europeos, siempre han almacenado su droga que llega en lanchas rápidas por las costas dominicanas para luego colocarlas en el mercado de Estados Unidos, vía Puerto Rico, o a Europa por los diferentes muelles, sobre todo el de Caucedo, que mueve el mayor volumen de carga en la región.
¿O es que acaso se olvidaron de la villa que tenían como almacén de cocaína y dinero, los colombianos víctimas de la Matanza de Paya en Baní?…
No hay que precipitarse con las explicaciones que irá dando el tiempo que se tomen las investigaciones y no olvidarse que estos casos de narcotráfico tienen un hilo que va conduciendo a los orígenes y sus complicidades.
Y es que se trata de una investigación compleja debido a que las autoridades enfrentan una organización criminal transnacional con fuertes ramificaciones en varios países de Centroamérica, Suramérica, el Caribe y Europa.
El tema no debe ser utilizado para la politiquería, como he observado a varios voceros oficiales y encubiertos de algunos partidos políticos, algunos de los cuales no tienen logros que presentar en la lucha contra el tráfico de drogas en la República Dominicana y en cuyos gobiernos los carteles se daban el lujo de asesinar bajo el amparo de los que tenían la responsabilidad de investigar sus crímenes.
La historia y la sangre derramada todavía está muy reciente para que olvidemos una serie de acontecimientos protagonizados por los narco-sicarios que se enquistaron en los organismos de seguridad del Estado que provocaron la extradición hasta del jefe de operaciones de la DNCD de ese entonces, cuando hasta a un sub-encargado del C.I.C.C. lo sorprendieron aparando la cocaína lanzada por la Región Este.
Esos eran temas por los que quienes ahora han externado una «gran preocupación» por las 9.8 toneladas de cocaína se quedaron callados, como han pretendido ignorar los avances del presente y los golpes inferidos a las redes del narcotráfico en lo que va de año, con la incautación de 43 toneladas de esa misma droga, toda una hazaña que le ha valido al país el reconocimiento internacional.
Esos son los hechos, no las palabras que se las lleva el viento y el trabajo que ha presentado hasta el momento el Vicealmirante José M. Cabrera Ulloa, quien pocas veces ha salido a festejar por lo que deben ser los resultados del trabajo de todo servidor público.
A los desesperados que no han tenido tiempo de ver esta realidad, pero que están muy «preocupados» por el origen de las toneladas decomisadas en el multimodal Caucedo, lo recomendable es la calma sobre la precipitación con fines ulteriores y que se tomen su tiempo para pasar un balance de lo que ocurría antes y el giro radical que se ha registrado en los últimos años en la lucha contra las malditas redes del narcotráfico, que elevaron a millonarios a personajes que pasaron por el organismo anti-narcóticos que ahora han sacado la cabeza jugando al olvido.


¿O es que acaso se olvidaron de la villa que tenían como almacén de cocaína y dinero, los colombianos víctimas de la Matanza de Paya en Baní?…
La historia y la sangre derramada todavía está muy reciente para que olvidemos una serie de acontecimientos protagonizados por los narco-sicarios que se enquistaron en los organismos de seguridad del Estado que provocaron la extradición hasta del jefe de operaciones de la DNCD de ese entonces, cuando hasta a un sub-encargado del C.I.C.C. lo sorprendieron aparando la cocaína lanzada por la Región Este.