Un gobierno que muerde y sopla…

Por Guillermo Tejeda.
(Director Resumen Final Digital)
El gobierno ha demostrado nuevamente su gran eficiencia a la hora de poner a otros a pagar platos rotos que corresponden a todos, principalmente a quienes tienen mayor capacidad adquisitiva, que son los mismos que se benefician de múltiples beneficios del Estado que llegan vestidos de exenciones fiscales, con las medidas dispuestas para enfrentar la crisis petrolera que ha disparado en el país los precios de los combustibles.
El presidente Luis Abinader, antes que nada, privilegió dos aumentos consecutivos en los precios de las gasolinas y el gasoil y luego anunció otras para «proteger a los más vulnerables», que ya fueron golpeados y no soportan más peso sobre sus hombros, con unos bolsillos de clase media rotos por los efectos de la inflación que se tornará más violenta.
Es como dicen que hace el ratón con sus víctimas: Las muerde primero y luego las sopla para disimular el dolor de la herida.
El mandatario ha llegado más lejos al advertir sobre «nuevos sacrificios» en un país donde las grandes mayorías están colgados en la cruz de una crisis que ha disparado alimentos, bienes y servicios, sin que exista la excusa de la nueva guerra, conflictos bélicos que le han servido a la actual administración para justificar sus desaciertos.
Pero mientras que por un lado se les pide a los dominicanos de abajo «apretarse los cinturones», nada se le exige a los tutumpotes del empresariado, alérgicos a invertir sin la muleta del Estado y que tienen los privilegios fiscales como una herencia sin importar el crecimiento de sus negocios.
Nadie ha hablado del sacrificio de los de arriba, para amortiguar el golpe de los de abajo que son los que han pagado siempre los excesos en el gasto innecesario de quienes nos gobiernan.
Y es que el llamado a sacrificio que lanzó el presidente Abinader en su reciente discurso por la guerra en el Medio Oriente, debería estar dirigido hacia los que más tienen, porque tal y como ha dicho monseñor Carlos Tomás Morel Diplán, Arzobispo Coadjutor de Santo Domingo, «los más pobres hace rato que se están sacrificando».
Y lo más lamentable y que refleja la doble moral del gobierno, es que mientras le pide al pueblo que se sacrifique, desde el Palacio Nacional no hay indicios de austeridad…Las lujosas yipetas negras siguen quemando combustible exonerado, los funcionarios no tienen el pudor de no dejarse ver en exclusivos restaurantes y los viajes al exterior con amplias comitivas no se han detenido.
Para la población hay efectos demoledores por la guerra que han desatado Israel y Estados Unidos contra Irán, con la que se identifica el gobierno de Abinader, pero para los funcionarios la situación sigue normal, sin modificar ni un ápice su opulento comportamiento.
Los funcionarios que están en campaña siguen en su proselitismo, utilizando los recursos del Estado, y los viajes sin sentido al exterior, no se han detenido para dar la impresión, aunque sea de manera hipócrita, de que también se están sacrificando ante lo difícil de la situación.
Países con más capacidad que el nuestro, han adoptado verdaderos programas de austeridad, comenzando por los de arriba.
El presidente Abinader en su discurso dijo que quería ser «claro y honesto» en sus pronunciamientos, adelantando que habrá presiones en la ya cara tarifa eléctrica, en los costos del transporte y los precios de los alimentos…
Pero la claridad y la honestidad no deben ser un discurso, deben ser una práctica y desde el gobierno hacerlo con el ejemplo, que es precisamente a lo que no están acostumbrados los funcionarios que dan cada día más muestras de estar borrachos de poder. Hay una sordera oficial ante las quejas de una población que ya no tiene la capacidad para resistir más cargas, mientras los de arriba, que tienen más que perder, se desplazan muy livianos.


Nadie ha hablado del sacrificio de los de arriba, para amortiguar el golpe de los de abajo que son los que han pagado siempre los excesos en el gasto innecesario de quienes nos gobiernan.
Para la población hay efectos demoledores por la guerra que han desatado Israel y Estados Unidos contra Irán, con la que se identifica el gobierno de Abinader, pero para los funcionarios la situación sigue normal, sin modificar ni un ápice su opulento comportamiento.