Foete para la mona del barrio

En el ámbito de los galleros (actividad que yo desapruebo, pero no más que la del toreo), se conoce como «una mona» al gallo que cumplió con su ciclo activo de peleas, dando lugar a que sea utilizado para entrenar a los ejemplares que están en pleno apogeo.

De ahí surgió la figura de «mona de traquear», que alude a un individuo que en el barrio es una especie de receptáculo de todo tipo de burlas y maltratos.

Recurro a esta desafortunada hipérbole para ilustrar la crispación que siente la población por el deterioro de los servicios, en especial el eléctrico y la calidad de vida en sentido general, situación que las autoridades no vacilan en culpar al anterior gobierno.

Y no es que las anteriores no carguen con parte de esa responsabilidad, debido a malos negocios que se hicieron, meteduras de patas, de manos y en general, no hacer bien su tarea de trabajar para el desarrollo efectivo del país.

En el caso del tema eléctrico, como el ataque se ha tornado en la práctica constante en los dos años que lleva este gobierno, la verdad es que no ha podido articular una solución adecuada al problema, viéndose obligado a improvisar salidas, como la de contratar 430 megavatios, olvidando que le lleva años construir una unidad eléctrica de esa capacidad, sin recurrir al oportunista sector privado.

El común de la gente asume que cuando elige un equipo de gobierno es para que encare con creatividad, eficiencia y valentía  los retos diarios que se le presentan, no para buscar excusas, con la intención de que los males recaigan directamente sobre quienes sustituyeron  en la administración pública.

Lo cierto es que  el país no acepta excusas como respuestas, ya que si una persona no ha dormido en toda una noche, porque no funciona el abanico, con el cual combate el calor, ese ciudadano se pasará un día irritado, incapacitado para trabajar, estudiar, ni rendir una función productiva al país.

Por eso sale a como ha ocurrido recientemente, a quemar neumáticos y a lanzar basuras a las calles, sin que un partido de oposición le induzca a hacerlo. Lo hace como un recurso extremo, pues a la falta de energía se unen otras carencias que a diario le complican su existencia.

Como dominicanos hemos visto que el gobierno actual no ha podido encarar con determinación el tema eléctrico, llegando al punto de que la principal central eléctrica que es Punta Catalina, no funcione con la eficiencia para la cual fue construida, con una inversión que supera los 2 mil 300 millones de dólares.

Se desata un debate entre el pasado y el presente administrador de la unidad sobre la incapacidad técnica para mantener y administrar la empresa, aunque hace dos meses el presidente de la República designo un fideicomiso para que la administre, técnica y financieramente.

Un elemento que reitera el desinterés por la continuidad del Estado es que hasta que se demuestre lo contrario, las averías en las plantas son atribuibles a que el personal entrenado por sus fabricantes, fue cancelado para nombrar en su lugar a empleados incompetentes, descuidando el mantenimiento técnico puntual que requiere la compleja estación termoeléctrica.

Por otro lado está el argumento de los generadores, oportunistas, que aprovechan la irritabilidad de la gente y la salida de las unidades de Punta Catalina para apagar sus plantas, como forma de presionar por el cobro de una deuda acumulada por concepto de energía despachada y no pagada, apelando a los odiosos apagones financieros.

Pero la indignación popular, que el gobierno insiste en culpar a las anteriores autoridades, no es sólo por el deterioro del servicio energético, que hacia años había experimentado una clara mejoría, hay otras situaciones que aguijonean a la población, como los altos precios de los productos de la canasta familiar, y una inflación generalizada; de nuevo la respuesta del gobierno es culpar a las pasadas autoridades del deterioro del sistema agropecuario dominicano.

También se aprecia el deterioro de la seguridad pública, y como consecuencia, el auge de la delincuencia, hasta el punto que muchas personas son atracadas por hombres armados, mientras juegan en el colmado una partida de domino.

Sólo en la ciudad de Santiago se ha denunciado la muerte de 11 jóvenes a manos de pistoleros que patrullan las calles de los barrios, con la «coincidencia» de que unos minutos después de ocurridos los crímenes llegan las patrullas de la Policía Nacional.

Para apagar la indignación popular fue cambiado su comandante en Santiago, buscando mayor efectividad de sus agentes.

En otras entregas hemos destacado que cada vez que se verifica un estallido de violencia con un un saldo de personas asesinadas, la reacción oficial es que se precisa de una reforma policial, porque esta institución carece de planes de actualización ya que  fueron descuidados en los pasados gobiernos, heredando una policía «ineficaz y medularmente corrompida».

El propio gobierno reconoce que la población esta resentida por el agravamiento de los principales problemas, por lo que envía a sus principales funcionarios a dar la cara ante la gente, aunque como un mantra repite la misma culpabilidad sobre pasados gobiernos.

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