Al Gobierno, no hay mañana sin presente

Por Guillermo Tejeda

(Director Resumen Final Digital)

El gobierno del Presidente Luis Abinader arribará este 16 de agosto a la mitad de su período constitucional con una serie de tareas pendientes.

La seguridad, la salud, la educación y la economía siguen siendo los temas en los que el gobierno no ha logrado satisfacer las expectativas que tenía la mayoría de la población que votó por el cambio prometido, centrándose como logro, en una lucha contra la corrupción altamente politizada instrumentalizada por un «Ministerio Independiente», que cabalga como un «ángel vengador» del pasado, con poco interés de combatir el flagelo presente.

En estos casi 24 meses de gestión, el Presidente Abinader ha hecho esfuerzos para tratar de revertir situaciones, que han impedido una pandemia heredada y el difícil entorno económico internacional post-pandémico, atizado por una guerra entre Ucrania y Rusia que ha desestabilizado las más sólidas economías de países desarrollados, comenzando por Estados Unidos y la Unión Europea.

Sería injusto no reconocer esta voluntad en el Mandatario, pero con buenos deseos no se compra el cielo y mucho menos le despachan a un pobre en el colmado de la esquina.

Sin embargo, no sólo la crisis de origen exógeno ha limitado las acciones del gobierno. Hay una alta dosis de componente local que ha contribuido a que la gente le reclame al Presidente Abinader obras que puedan trascender a su gestión.

La gente no palpa las inversiones que hace el gobierno, por los anuncios que a diario hace el jefe de Estado de proyectos con presupuestos multimillonarios que no se reflejan con el tiempo en el terreno de las realizaciones.

Para algunos, se está produciendo un «festival de picazos» que han superado los que dio uno de los funcionarios de Leonel Fernández, que se quedaron en tierra removida al no existir las partidas presupuestarias para desarrollar la obra en un momento también de crisis.

El Presidente Luis Abinader tiene que vencer la percepción de que su gobierno está controlado por los ricos, un sector empresarial que maneja importantes despachos ministeriales que para algunos, han usurpado los cargos que se ganaron en las calles los dirigentes del Partido Revolucionario Moderno (PRM).

Son los mismos que opinan que el Mandatario está atrapado en medio de esos intereses empresariales, gente que no tiene ni se le ha conocido vocación de servicio público, porque su principal misión es la de producir dinero para sus negocios familiares y corporativos. Son excelentes generadores de riquezas utilizando las anclas del Estado que se venden como modelos para administrar, aunque algunos ya han fracasado en el sector estatal.

Y es que manejar el Estado no es lo mismo que una empresa particular, como han pretendido algunos ricos enquistados ahora en dependencias gubernamentales que han confundido con sus negocios.

Lo de la seguridad ciudadana es otro dolor de cabeza que tiene el Presidente Abinader, pero que sufre la población. La pretendida Reforma Policial no ha calado a lo interno de esa institución y tampoco convence a la gente que reconoce las precariedades de los agentes del orden y el incumplimiento de promesas que generaron expectativas como el salario de los 500 dólares que se ofreció durante la campaña electoral.

Tampoco se comprende que un extranjero esté dirigiendo ese proceso, marginando recursos humanos de la misma Policía Nacional, limitándose a teorizar sobre lo que todos los dominicanos saben que son los problemas  que ameritan respuestas para combatir la delincuencia y la criminalidad.

Con la salud, a dos años de gobierno, los hospitales no están en las condiciones deseadas, lo que se ha evidenciado en las medidas que se han tomado por las presiones del Colegio Médico Dominicano y programas tan sensibles como el de Medicamentos de Alto Costo, se han derrumbado por la improvisación de las autoridades responsables de ejecutarlo.

Pero más que eso, en la calle se palpa la realidad de la economía, que refutan las optimistas estadísticas que se venden desde el Banco Central, que no ha podido detener el proceso inflacionario que ha convertido en sal y agua el magro salario de los empleados y trabajadores dominicanos.

No basta decir que la economía va bien, que se está recuperando y que la inflación ha comenzado a ceder, como señalan a diario los funcionarios del gabinete económico, cuando la gente no lo siente en sus bolsillos y tiene que pagar cada día más por los mismos productos que compran en colmados y supermercados.

El Presidente Luis Abinader está a tiempo de reorientar la situación del país al emprender la otra mitad del tramo gubernamental, pero se advierte desde ya que las ambiciones políticas se convertirán en el principal obstáculo. Funcionarios que se han alejado de sus funciones para entrar al terreno de la reelección, olvidando que no hay mañana sin presente.

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