La Procuraduría negociando con el narcotráfico

Por Guillermo Tejeda

(Director Resumen Final Digital)

La lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado se debilita cuando las autoridades se embarcan en acuerdos con los integrantes de redes desmanteladas, tomando en cuenta sólo el aspecto mercurial de esos procesos, como acaba de ocurrir con el caso de César Emilio Peralta (César El Abusador) y los socios del capo en la construcción de su industria del crimen.

El Ministerio Público viene cojeando desde que no era «independiente» con los tratos con delincuentes de alta peligrosidad, que han retornado a las calles para seguir haciendo lo que siempre han hecho y que conocen muy bien fiscales, policías y jueces. Se les está dando una gran oportunidad a esas facciones criminales para que ganen poder y legitimidad.

Se trata de negociaciones aberrantes con el único objetivo de quedarse el Ministerio Público con el control de millonarios bienes del imperio del crimen organizado, sin detenerse a pensar y mucho menos investigar los crímenes que se esconden detrás de esas fortunas.

Es lo que ha ocurrido con el desguace del expediente de la red de César El Abusador, para dar paso a los acuerdos de «oportunidad» que libera de la cárcel a los miembros de su entramado, a cambio de entregar inmuebles millonarios (apartamentos, fincas, vehículos de lujo, etc.), que nada representan cuando tienen otras propiedades a nombre de testaferros y «lavando sus pecados» volverán a sus actividades originales con la intensidad que le permita recuperar lo perdido.

La imagen del Ministerio Público se deteriora, se pierde la credibilidad de una población que creyó que las cosas cambiarían en lo que tiene que ver con la lucha contra una de las actividades que más daño provoca en una sociedad, como es el narcotráfico y el lavado de las ganancias de ese lucrativo y perverso negocio.

Porque ¿Quién garantiza que los beneficiarios de esas negociaciones no volverán sobre sus pasos?

Y por qué tiene que creer la población en un Ministerio Público que lanza serias acusaciones, presenta voluminosos expedientes, recrea historias protagonizadas por gente que sataniza y a la que luego vende indulgencia a cambio de sus bienes pecaminosos, la mayoría de las veces y casi siempre, manchados de sangre como es el caso de los narcotraficantes.

Estoy seguro de que no soy el único decepcionado con las últimas decisiones tomadas por el Ministerio Público, a través de su Procuraduría de Antilavado de Activos, que ha enviado el mensaje de que podrían haber cambiado algunas cosas, pero que todavía en el país sigue predominando un régimen de impunidad.

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